Pedro Pérez Hidalgo. 1957. Madera de cedro. Neobarroco. 1,65 cm. Ermita de la Santa Vera-Cruz, Alhaurín el Grande, Málaga.
Obra del escultor malagueño Pedro Pérez Hidalgo del año 1957, es una imagen de candelero tallada en madera de cedro policromada. Pertenece al estilo neobarroco y fue adquirida para completar el grupo escultórico del Calvario en el altar mayor de la ermita, junto al Cristo de la Vera-Cruz y la Virgen de la Soledad, recuperando así la advocación desaparecida en 1936. Representa al discípulo amado como un joven imberbe de expresión melancólica, con la mirada perdida y la boca entreabierta en señal de tristeza. La talla destaca por su cabellera ondulada y sus singulares ojos de cristal de diferente color (uno verde y otro marrón), que aportan un carácter único a la fisonomía de la imagen. La escultura se atavía siguiendo su iconografía tradicional con túnica verde y mantolín burdeos, colores que simbolizan la renovación espiritual y el martirio. Su ajuar cuenta con piezas bordadas por el taller de la cofradía y de Manuel Mendoza, además de nimbos plateados y dorados que resaltan su santidad. Sus manos, retalladas en la última restauración para ganar dinamismo, permiten portar atributos como la pluma o los clavos de Cristo. Aunque su función principal es el culto interno en el camarín, la imagen protagonizó un histórico vía crucis en la mañana del Viernes Santo de 1959. Estéticamente, la obra es de gran valor por inspirarse en modelos del barroco malagueño de Fernando Ortiz, logrando una armonía perfecta con el resto del conjunto del altar mayor.
En el año 2018, la imagen fue sometida a una profunda restauración a cargo de Francisco Naranjo, quien consolidó la estructura interna para subsanar fisuras y grietas, recuperando la policromía de tonos rosáceos en las carnaduras que hoy luce en la ermita de la Santa Vera-Cruz.