Mucho es el tiempo que un hermano de arriba dedica a tu Cofradía durante el año, Señor, y más aún cuando se está acercando la Semana Santa o el Día de la Cruz. Incontables horas de trabajo.
No creo que exista un solo hermano de la Cofradía al que le pidas, Señor, que arrime el hombro y niegue su ayuda, aunque para ello deba sacrificar su tiempo, su dinero, su energía…
Incontables son los apartados en los que los verdes trabajan en torno al Convento. Vivimos como imantados por la Ermita, no somos capaces de despegarnos de ella, ya sea física o mentalmente.
Me siento incapaz de acordarme de todas las personas que forman parte de la familia de los hermanos de arriba y que hacen con su trabajo que todos los campos de la Cofradía estén atendidos con primor, con esmero, cariño y pasión. Como Tú, Señor, te mereces.
Pero Padre, una duda me ronda la cabeza cada vez que veo a mis hermanos reunidos. ¿Nos damos cuenta de estamos aquí reunidos y trabajando por amor a Ti, que lo que hacemos es por y para ti? ¿No nos estaremos olvidando del motivo real de nuestra pertenencia a la Cofradía?
Por eso, aprovechando el tiempo en que estamos, te pido, Señor, que hagas que cada vez que tengamos entre manos cualquier tema de la Cofradía, dediquemos un minuto, solo un minuto, a hablar contigo, Señor. No importa el lugar, puede que sea bajo un capirote, o haciendo sonar un instrumento, o arreglando las flores del trono, pero haz, Señor, que nos acordemos de pasar un minuto a solas contigo.
Sin ese minuto, todo lo que hacemos carecería de sentido.
Volver a Cartas al DIRECTOR
Volver al inicio |