
Viernes Santo. Crucifixión y entierro de Cristo.
La lluvia cesó en Alhaurín como queriendo respetar la procesión más solemne de cuantas se celebran en la localidad.
A media tarde dejaba de llover en la localidad y todo eran prisas en la calle Convento para intentar prepararlo todo de cara a una apasionante noche del Viernes Santo. Los técnicos se apresuraban en preparar sonido e iluminación para dar comienzo con la Crucifixión de Cristo. A las nueve de la noche, la Junta de Gobierno se volvía a reunir de forma extraordinaria para evaluar la posibilidad de sacar a la calle la procesión oficial de la Semana Santa en Alhaurín el Grande. Los pronósticos mostraban tregua en el cielo y eso posibilitaba que la Junta de Gobierno decidiera seguir con los actos programados para esta noche con total normalidad. Con algo de retraso sobre el horario previsto motivado porque había que prepararlo todo el escenario y los medios técnicos a contrarreloj, se apagaban las luces de la calle Convento. Sobre la Plaza estaba a punto de comenzar la Crucifixión de Cristo.
Las prisas en los preparativos dieron paso al arrepentimiento de Judas Iscariote. Impresionante escena que sobrecoge a todas las personas que la presencian cada Viernes Santo. Al mismo tiempo que Judas acababa con su vida, por la calle Convento bajaba la comitiva que llevaba a Cristo hasta la cruz. En un mar de silencio, la calle enmudecía con la sucesión de escenas y la interpretación excelente de todo el equipo de Semana Santa. Cristo crucificado para el perdón de la humanidad. La Semana Santa de Alhaurín el Grande volvía a tener su punto más álgido con las siete palabras de Cristo en la cruz y la calle Convento volvía a ser el lugar de nuestro pueblo que más personas congrega para una representación de Semana Santa. Visitantes y vecinos que rompían el silencio con un aplauso de reconocimiento al finalizar la representación. (sigue tras vídeo...)
Y en la oscuridad de una humanidad que pierde a un hombre y gana a un redentor, salía de la Casa Hermandad, la cruz guía de la procesión entre las procesiones. La nueva cruz guía donada el pasado Domingo de Pasión por la familia Torres Bravo, abría la noche y se volvía a hacer el silencio en la calle Convento. Oscuridad y silencio. Respeto y devoción. Es Viernes Santo y de la puerta del Convento salía imponente el Santo Sepulcro de Cristo. En el dintel de la Ermita del Convento, el Alcalde Presidente de la localidad D. Juan Martín Serón, tomaba el martillo para dar el toque de campana, como Capataz de Honor. Tras un mar de nazarenos, enseres, estandartes y las catorce estaciones del Vía Crucis que nuestra Cofradía estrenó el pasado año, procesionaba bajo palio el Lignum Crucis de la Confraternidad de la Vera-Cruz. Mantillas de riguroso luto abrían el camino de la luz para los portadores que especialmente el Viernes Santo, mecen nuestros tronos de forma sublime. La Banda de Música de La Pepa con su traje de gala, bajaba calle Convento con los sones de la Marcha Fúnebre de Chopin. Por el chat de la emisión en directo que esta web realizaba en esos instantes, los visitantes que presenciaban por Internet la procesión decían que el sonido con que nuestra banda acompañana a Nuestros Sagrados Titulares, parecía sacado de una grabación. Realmente estremecedor.
Tras el Santo Sepulcro otro cuerpo más de nazarenos que finalizaban con el estandarte mayor de nuestra Cofradía. Como es tradición, el Hermano Mayor recogía del interior de la ermita el mismo, para entregárselo al nazareno encargado de portarlo en la procesión. Las puertas del Convento se volvían a abrir para que saliera del interior María Santísima de la Soledad. Más silencio aún si cabe. Con la candeleria totalmente encendida, volvía la madre de todos los cristianos, con impresionante dulzura en su rostro bello y dolorido por la muerte de su hijo. Lucía de negro, manos unidas y puñal de plata en el pecho, al pie de una cruz desnuda. Volvía a las calles de Alhaurín sobre trono de plata y con el cielo por palio. En la frialdad de la noche del Viernes Santo, que mejor refugio y consuelo que contemplarla y mirarla. Rezos para los hermanos de arriba con un olor dulce a romero. Tras ellas, sonaba música celestial interpretada por cuatro componentes de la Banda de la Santa Vera-Cruz, una caja, un saxofón, una flauta y un clarinete. Y bajó calle Convento bajo la admiración de todos. En el silencio y la oscuridad de una noche solemne para el cristiano. Fue Viernes Santo en Alhaurín. Día de silencios y oscuridad, de rezos y de oraciones. Cristo ha muerto.