
Solemne Triduo en Honor del Santo Sepulcro
Ayer a eso de las 9.15, entraba en la Ermita del Convento y el corazón se me sobrecogió, El Cristo Yacente al pie del altar presidia la ermita. A sus pies ángeles, lo rodeaban la luz de las velas rojas perfectamente combinadas con piñas de claveles rojos como adorno floral.
El coro casi susurrando empezó a sonar y comenzó la Eucaristía de la primera noche del Triduo en su honor. En la monición ambiental se nos anunciaba que siguiendo con el importante trabajo de preparación espiritual que se está haciendo en la cofradía durante la Cuaresma, durante estos tres días íbamos a aprovechar la ocasión que nos brinda la celebración de este Triduo para profundizar en el sentido y la utilidad de los tres ejercicios clásicos a los que nos invita la cuaresma: el ayuno, la oración y la limosna.
Se nos explicó como con el tiempo, el ayuno como abstención de comida ha cedido lugar al ayuno como símbolo y expresión de una renuncia a todo aquello que nos impide realizar en nosotros el proyecto de Dios. Naturalmente, sería más fácil limitarnos a "cumplir" con el ayuno de alimentos. Pero necesitamos descubrir esos "otros" ayunos como medio adecuado para cambiar lo que más nos cuesta.
La Homilía del Padre José María fue muy emotiva, nos leyó una carta, redactada en primera persona, de Jesucristo a todos los allí presentes, no cupo duda de que era Dios mismo quien hablaba y nos invitaba a vivir desde el amor.
Durante la comunión el coro cantaba: “…A Tu lado mis fuerzas yo recobraré, si estoy cerca de Ti Señor vibra mi ser. El Señor es Amor”. Parecía que todo se hubiese programado para ir al mismo son, para invitar a lo mismo.
Finalmente una hermosa oración ante los pies del Cristo Yacente. Ante el Sepulcro te veneramos Señor:
Allí donde Tú, oh Señor Jesús
el inocente, fuiste acusado,
el justo, fuiste juzgado
el santo, fuiste condenado.
Tú, Hijo del Hombre,
fuiste torturado, crucificado y muerto,
Tú, Hijo de Dios,
fuiste vituperado, burlado, renegado,
Tú, el Rey, fuiste levantado en una Cruz,
Tú, la Vida, soportaste la muerte,
Y Tú, muerto, resucitaste a la Vida.
Sin duda una noche que tuvimos ocasión de disfrutar los allí presentes y que nos abrió ganas de no perdernos lo que queda. Como dijeron al principio, el ayuno tiene que ir unido a la limosna, al gesto caritativo, que es también una acción preferencial de la Cuaresma, según la tradición cristiana y a la oración.. Esta noche y mañana seguiremos reflexionando sobre limosna y oración. Seguro que seguimos aprendiendo y disfrutando.