
Reinstauración, bendita palabra.
Bendita sea por el significado que encierra para nuestros hermanos cofrades. Y por los sentimientos que ha pasado a aglutinar desde hoy.
Como culmen de los actos celebrados para recordar la efeméride de nuestro Santo Sepulcro, el pasado sábado, la Cofradía ha rememorado el sufrimiento de Jesucristo desde que es condenado a muerte hasta su sepultura. El ejercicio espiritual que supone el Camino de la Cruz nos ayuda a comprender mejor de qué fue capaz Él por nosotros. ¿ Y nosotros por Él?
Benditos sean los alhaurinos y su idiosincrasia. Cuánto menos trabajo hubiese supuesto rezar el Vía Crucis de manera más recogida, más austera, más “ cristiana ” . Pero, ¿ cuántos hubiésemos, mejor, hubiesen asistido? Los verdes al rezar el Vía Crucis, lo hacemos según nuestra forma de entender las cosas, a lo grande. Siendo preguntado por tanto espectáculo y jolgorio que rodean a muchas de las procesiones de la Semana Santa de Málaga, un Sr. Obispo Emérito de Málaga, respondió que todo merecía la pena con que una sola persona de entre el público orase. Estoy totalmente convencido de que la inmensa mayoría de las personas que esperaron en las calles de Alhaurín el paso del cortejo, no se hubiesen acercado al Convento de otra manera. Somos cristianos comodones. Qué mejor herramienta para hacernos llegar el mensaje de Jesús que la Cofradía.
El cortejo comenzó a las nueve y media de la noche, encabezado por la luz y guía de nuestros cortejos, nuestra Cruz. Hasta aquí todo normal incluido un poco de retraso, habitual.
Por primera vez, pasearon los catorce estandartes portando las estampas de las estaciones del Vía Crucis sobre terciopelo verde. Inmensa inversión la llevada a cabo por la Cofradía para tal fin. Porque ellas son Cofradía, las “ mujeres de la costura ” como las llamamos comúnmente. Inmensa e incalculable porque ellas ofrecen al Señor lo que no tienen, tiempo de sus respectivos trabajos, de sus familias, de sus mayores. Sacrificio. El dinero necesario para los materiales, ha sido sufragado por donaciones de los hermanos.
Y de las personas que hubiesen asistido al Convento para rezar junto a sus hermanos el Vía Crucis si no se hubiese hecho por las calles, ¿cuántos serían jóvenes?... He creído contar más de ochenta sólo con instrumentos en las manos. Si esta savia cofrade enfundada en su casaca verde hermandad no le diese sentido a acompañar a uno de sus titulares, se dedicaría a tocar y estudiar en el conservatorio.
En el Vía Crucis, en forma de solemne procesión, la Cofradía ha rezado en la calle contando con la ayuda de uno de sus mayores patrimonios, sus hermanos. Nada menos que ciento veinticinco mantillas y ciento cincuenta portadores han querido acompañar al Cristo Yacente con el recogimiento y el respeto oportuno. Contando con la implicación de todos, incluidos los que observaban en silencio desde la acera, hemos sido participes en la oración.
Contemplar las filas de mantillas me llenaba el corazón. Era ver una radiografía generacional de nuestra Cofradía. En una de las hileras vimos a una madre con sus tres hijas, ¿ alguien puede imaginar el orgullo que pudo sentir a lo largo del recorrido? Como ella, cada fila tenía su pequeña historia.
Benditos sean los hermanos que hace 50 años nos dieron los motivos para que hoy estemos de celebración.