¡Y ese Día 3 de Mayo, que del aire tengo celos...!
Una lluvia de flores bajó un año más del cielo de Alhaurín para besar la Imagen radiante, sublime y bella del Stmo. Cristo de la Vera-Cruz.
Lágrimas, suspiros y rezos, estallido de primavera, olores inconfundibles, La Pepa que suena a gloria, el alma en vilo, las rosas que caen, el Señor que reina, la sensación indescriptible de sentirte a solas con Él en medio de tanta gente, tres y cuatro filas de sillas, ojos brillantes, miradas que tanto dicen, corbatas verdes, mantillas blancas, incienso y romero, voces que gritan fuerte: "Viva el Señor del Convento". Mil descripciones podrían ser válidas pero no hay nada mejor para un Hermano de Arriba que ver y sentir la noche del e de Mayo, porque resulta muy complicado contarlo.
Impresionante la aglomeración de alhaurinos y visitantes que un año más se acercaban al centro de la localidad para ver el paso del Señor del Convento de regreso a su Ermita.
De un rojo de vida intensa lucía el trono en la Plaza Baja, mientras la Cruz Guía abandonaba la Parroquia. Las Bandas no pararon de tocar durante todo el recorrido y en especial en el trayecto que llega hasta la entrada de calle Piedras. Previo a la salida de la Procesión, la Santa Vera-Cruz y La Pepa habían interpretado sendas retretas en la Plaza.
Una preciosa fila de nazarenos portando cirios embellecían las Cuatro Esquinas abarrotadas de público. Detrás, abrían paso al Guión de la Cofradía 16 mantillas blancas. Una Pepa inmensa ocupaba toda la calle y, al fondo, abandonando la Plaza Baja, doblaba la esquina el trono del Señor del Convento. Con solemnidad y belleza procesionaba bajo la atenta mirada de muchos alhaurinos y visitantes. El Cristo de la Vera-Cruz cruzaba el centro del pueblo en la inmensidad de una lluvia de pétalos constante. Preciosas estampas las que se han podido contemplar esta noche en Alhaurín.
Ya en la calle Convento, el trono del Stmo. Cristo de la Vera-Cruz, subía con paso solemne hacía la Plaza, se sucedieron algunas levantadas a pulso con otro mar de pétalos de diferentes colores que caían desde los balcones. La Pepa, brillante y sobrecogedora, tocaba sin cesar su amplio repertorio de marchas procesionales de cornetas y tambores con banda de música. Por un instante callaron los tambores para dejar paso a la Brigada Paracaidista que cantó e interpretó de forma excelente "La Muerte no es el Final".
Repique de campanas y castillo de fuegos artificiales. Belleza infinita la del Señor entrando en la Plaza del Convento. Las puertas de la Ermita abiertas para acoger de nuevo en su seno, a su Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, después de una noche verdaderamente inolvidable.
Antes, mecido de forma dulce los portadores hacían silencio en sus vivas para escuchar a La Pepa interpretar "Solaz". Lágrimas en los ojos de su autor. Lágrimas en los más jóvenes y también en los mayores. Sentimientos a flor de piel cuando sonaba "Señor del Convento", los labios de los cofrades esbozaban la letra de la marcha compuesta por el Maestro Villar que representa el Himno Oficial de la Cofradía.
Con el Himno Nacional, el trono entraba en su Ermita en medio de una gran ovación. Los abrazos, la alegría incontrolada y la satisfacción estallaron con el Señor ya en el Convento. Todo un año de trabajo volvió a merecer la pena.
Lágrimas, suspiros y rezos, estallido de primavera, olores inconfundibles, La Pepa que suena a gloria, el alma en vilo, las rosas que caen, el Señor que reina, la sensación indescriptible de sentirte a solas con Él en medio de tanta gente, tres y cuatro filas de sillas, ojos brillantes, miradas que tanto dicen, corbatas verdes, mantillas blancas, incienso y romero, voces que gritan fuerte: "Viva el Señor del Convento". Así fue el Día de la Cruz, muy difícil de contar, imposible de olvidar.