Real y Venerable Cofradía del Santo Cristo de la Vera Cruz

Soñando el Día de la Cruz

 

Soñando el Día de la Cruz, por Mª Fuensanta Bravo Sánchez

Lo siento,

se acerca y yo lo siento.

Hace días que golpea en los aleros de mi alma, martillea en mis adentros, acelera mi pulso aletargado por días de silencios, por días que son noche en la conciencia creyendo que esta vez no será igual, que tal vez ahora me sorprenda entretenida en los surcos que las horas van dejando, por la nubes que se mudan en el alma…

Pero no se detiene, trae el paso firme, la cabeza alta, la sangre con redoble de tambores y oleadas de calor en las entrañas.

Viene de lejos, anduvo regalándole emociones a aquellos que eran padres, abuelos y más que abuelos, raíces que se pierden en la historia y gritos que se acunan en mi pecho.

A veces me pregunto si es posible que tantas sensaciones se aglutinen, que crezcan como flores en mi pecho cerrando mi garganta encadenada a un grito que no acierto a desmembrar, a expresar, a decir lo que yo siento y sólo sabe repetir:

¡Señor, Señor, Señor del Convento!

Por eso sigo y sigo, cerrando los ojos, hablando conmigo:

este goce no es sólo mío,

es de un mar de Hermanos con los que comparto,

es de un mar de Hermanos que nos precedieron, que dieron su vida, su entrega, su esfuerzo

por esas campanas que yo ahora siento,

por la gallardía de dos torres verdes que apuntan al cielo, por andar pisando las ramas que crujen y elevan su aroma de incienso y romero,

por las capas blancas que brillan de noche bajo los faroles sobre el terciopelo, (¡terciopelo verde que enciendes mis ojos en la noche grande de ese 3 de mayo en que todo es espléndido!),

por esas cascadas de lluvia de rosas que se van tejiendo desde los balcones por los que Tú pasas, Señor del Convento, silueta de gloria, de ahora, de ayer y de luego, madero florido que sella, que firma el pacto del hombre que siempre renace, que siempre pervive cuando es generoso de amor y de entrega,

Por eso,

si pienso,

doy rienda suelta a ese sentimiento de saberse partícipe, hermano, ensanchando el alma, porque de puro grande el pecho cofrade se queda pequeño…

Por eso,

si pienso,

el murmullo callado estalla un momento

y el Día de la Cruz, junto a mis hermanos,

grito con más fuerza,

grito desde dentro

al Norte, al Sur y a los cuatro vientos,

grito la oración que, por compartida,

tiene más valor,

tiene más sustento,

que mejor expresa todo lo que siento:

¡Viva el Señor del Convento!

 

Alhaurín el Grande, 27 de abril de 2008

Mª Fuensanta Bravo Sánchez

 

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